Mercado laboral

El empleo informal en el interior: cifras que el promedio nacional oculta

Un análisis departamento por departamento de la informalidad laboral en Uruguay fuera de Montevideo.

Trabajadores rurales del interior uruguayo al amanecer

Cuando el INE publica la tasa de informalidad laboral de Uruguay, el número que circula en los medios nacionales —alrededor del 22% en 2023— corresponde a un promedio ponderado que incluye Montevideo, donde la actividad formal es más densa. Si se desagrega la estadística por departamento, el panorama cambia de forma considerable. En Artigas, Cerro Largo y Rivera, la informalidad laboral supera el 40% de los ocupados según la Encuesta Continua de Hogares del propio INE. En términos prácticos, esto significa que cuatro de cada diez trabajadores en esos departamentos no tienen acceso a seguro de salud mutual, no acumulan historia laboral en el BPS y no podrán acceder a una jubilación contributiva proporcional a sus años de trabajo. La informalidad en el interior no es solo un problema estadístico: es una forma de exclusión sistemática del sistema de protección social que el promedio nacional tiende a invisibilizar. Las causas son múltiples. La mayor concentración de empleos en el sector agropecuario —que históricamente ha tenido mayor informalidad que los servicios urbanos—, la menor densidad de inspectores del MTSS y la prevalencia de pequeños empleadores rurales que operan sin registros formales son factores que la literatura académica uruguaya identifica con consistencia.

Las políticas de formalización implementadas desde 2006 —simplificación del monotributo, ampliación del registro de empresas unipersonales, campañas del BPS— han tenido resultados positivos en Montevideo y en los departamentos con mayor densidad urbana como Canelones y Maldonado. Sin embargo, su impacto en el interior profundo ha sido más modesto, en parte porque el acceso a asesoramiento contable y legal para pequeños empleadores rurales sigue siendo limitado. Este artículo no propone soluciones de política, porque hacerlo requeriría datos y simulaciones que van más allá del periodismo explicativo. Lo que sí podemos afirmar, con respaldo en las fuentes disponibles, es que cualquier evaluación honesta del mercado laboral uruguayo debe mirar más allá del promedio nacional y reconocer que el interior del país enfrenta condiciones estructuralmente distintas que merecen atención específica tanto en el diagnóstico como en la respuesta institucional.